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Miss Swan…
Mis
ojos casi se salen de sus orbitas al oír esas dos sencillas palabras, pues no
podía creer que finalmente el dueño de aquella voz, que llevaba semanas sin
poder quitarme de la cabeza estuviera frente mí. Había llegado a convencerme
que aquel sonido solo había sido producto de mi imaginación y estuve a punto de
lograrla hacérmelo creer.
Digo
a punto, por que ahora que lo tenía tan cerca, tuve que hacer uso de toda,
absolutamente toda, mi fuerza de voluntad para mantener mi voz firme e intentar
alejarlo de mí.
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Le repito Señor….- deje la pregunta en el aire, pues ni siquiera sabía como su
nombre.
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Edward Cullen – Susurro demasiado cerca de mi oído.
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Señor Cullen, soy su maestra y como tal, le pido que me deje ir, de otra manera
deberé informarle al director sobre su comportamiento – Mi voz sonó todo menos
severa y autoritaria como esperaba que se oyera.
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Por mi está bien – Su nariz estaba en mi cuello podía sentir como inhalaba cada
segundo como se intentara llenarse de mi aroma – deliciosa, una mezcla perfecta
de vainilla y chocolate.
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Se lo repito – Dios donde estaba mi voz mandona cuando le necesitaba – Aléjese
de mi.
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Llevo demasiado tiempo alejado de usted Miss Swan, pero ya no más.









